lunes, 3 de octubre de 2011

LA HERENCIA NEOLIBERAL: EL PERU COMO PROPIEDAD PRIVADA
A PROPOSITO DE UN CRIMEN

Las imágenes que uno ve por la televisión no dejan lugar a dudas, avanzaban dispuestos a borrar toda huella blanquiazul de los palcos del estadio monumental, “su estadio” había sido mancillado por la banderola de Alianza Lima. No importaba que hubieran ganado el partido, lo realmente importante era destruir ese símbolo que había estado toda la tarde “reventándoles el hígado”. Lo que no se podía soportar era que “otros” pusieran sus símbolos en su territorio, en su propiedad privada. Tamaña afrenta debía ser castigada. Nunca más debía flamear una bandera considera del “enemigo” en el estadio, en su estadio.

Quienes actuaron así, destruyendo todo a su paso, sin importarles las consecuencias, total que les iba a pasar si estaban en “su estadio”. No eran pandilleros, no eran lumpenes, no eran quinceañeros manipulados, no eran jóvenes hinchas, eran hombres en lo que llaman la edad de la madures – entre 35 a 40 años -. Casi todos sin apremios económicos. Hijos de la bonanza neoliberal de los últimos 20 años en nuestro país. Sin ninguna responsabilidad por el prójimo. Lobos solitarios resguardados en la multitud de una pasión. Depredadores por excelencia, el mundo era para ellos y de ellos.


Si uno hace un paralelo del comportamiento social, en estas dos últimas elecciones, donde perdieron “los de arriba”, la violencia periodística que se empleo contra las candidaturas de izquierda, que pese a todo resultaron ganadoras, fueron brutales, todos los días titulares de primera página, con el Comercio como abanderado. Se trataba de eliminar al adversario en base a medias verdades o simples calumnias. Esa violencia, es tan idéntica a la violencia de quienes no aceptan compartir un espacio social entre peruanos.

Y cuando gano Gana Perú, la misma noche del triunfo empezaron las amenazas sobre el “fin del mundo” si se tocaba el programa económico, si hasta plantearon los nombres de los posibles ministros de economía, todos de los partido perdedores. Fue una avalancha en todos los aspectos, avanzaron como los barristas dispuestos a destruir todo si se tocaba su “programa económico”. Si alguien ya lo olvido el lunes siguiente a la elección del Presidente Humala, la bolsa peruana bajo 14 puntos, pero impidieron que alguien comprara acciones cuando estaban en el suelo. Es decir, manipularon la bolsa a su antojo todo para crear la sensación social que el mundo se derrumbaba si se tocaba el programa económico.

Como los barristas en el estadio monumental, no podían aceptar que “otros” pusieran banderas distintas a las suyas y para eso asustaron a medio mundo, utilizaron a sus periódicos, a sus medios, sin importarles, las reglas de una democracia.
Esa es la herencia de 20 años de neoliberalismo en lo social, una clase social depredadora que vive para sí y por si misma, que no reconoce espacios sociales compartidos entre peruanos. Que solo cree en su verdad. Que amenaza cada vez que pierde una elección. Si no veamos la campaña que le están haciendo a Susana Villarán.

Si esto hubiera ocurrido en el gobierno de Alan, no tengo la menor duda que el culpable seria el barrista sin plata, que vive en algún cono de la ciudad. Pero estamos en otro momento social, donde se espera que el ordenamiento social cumpla con regular el comportamiento de todos, sean de plata o no. La justicia vive una hora especial, o pasa lo de siempre que compran testigos, compran abogados, compran periodistas, compran y compran conciencias y se libran de la cárcel y la impunidad, se vuelve cosa de todos los días o la justicia cumple su papel y manda preso hasta a quien borro las grabaciones de las cámaras de seguridad del estadio. Para que se entienda que el cumplimiento de las reglas sociales es lo único que garantiza la vigencia civilizada de una sociedad.